PUBLICADO: 16/09/09 - 14.00 hs.
Por Claudio
Serrentino
Periodista, fundador de "La Bocina"
HABLAN, hablan y hablan. Habla el oficialismo, habla la oposición, habla la gente en la calle. Pero curiosamente, los que menos hablan, son los periodistas: justo en este momento, que sería tan importante escucharlos.
Es que al periodismo también le faltan referentes. ¿Cómo puede ser que el grupo periodístico más importante del país -"Clarín"- no tenga una figura pública -una, al menos-, que salga a contraatacar la furia K?
Con Jorge Lanata mirando desde la tribuna, el gremio periodístico se debate entre defender la libertad de prensa, y el silencio por la necesidad de depender de un importante sueldo multimediático.
Obviamente, ganó éste último.
Los periodistas de los distintos medios que pertenecen al diario de la cornetita se la pasan aclarando que, lo que dicen, "no lo dicen porque trabajan para el grupo". Pero entre sus filas no se encuentra ni siquiera un pasante que diga en voz alta que está de acuerdo con la iniciativa oficial.
Muchos periodistas que se autodefinen "independientes", son incapaces de decir lo obvio: que la concentración de medios atenta contra la libertad de expresión.
Y no sólo pasa con "Clarín", que es el caso más relevante. Hay otros grupos, otros intereses. El Estado debe tener el control -digo Estado, no Poder Ejecutivo-, para que los intereses privados de los medios no afecten los intereses culturales, educativos y sociales del país.
Pero la discusión se centra, casi monopólicamente, en la cuestión de quién hace el negocio. No se habla de contenidos. Casi, porque con sorpresa, ayer escuché al diputado Miguel Bonasso hacer en el Congreso una referencia a ésto (referencia que obviamente, habrá caído en saco roto).
Hablan de que las telefónicas tienen que acceder al negocio del "triple play", hablan que una empresa no puede tener el monopolio de la tv por cable, hablan, hablan y hablan. Pero no dicen lo más importante.
El debate, este debate que nació de apuro sobre los medios de comunicación argentinos, carece del elemento principal, de las preguntas básicas que deberíamos hacernos todos cuando se habla de una ley tan fundamental para la sociedad:
- ¿Qué medios de comunicación audiovisuales necesita el país?
- ¿Qué tipos de canales de televisión abierta serían mejor para los argentinos?
- ¿Qué tipo de radioemisoras acompañarán nuestro crecimiento como personas y ciudadanos?
Sin embargo, hablan, hablan y hablan... Pero sobre lo más importante no dicen nada. No es nada nuevo. Tampoco dicen nada sobre el desempleo, la inflación, y otras pandemias estructurales que padece nuestro país.
El gobierno convoca a jugar, y todos juegan el juego que se le antoja al gobierno. Eso, en la jerga periodística, se llama "definir agenda".
Más allá del 28-J, y la supuesta derrota electoral, la administración K sigue definiendo agenda. La oposición y los medios gritan y se rasgan las vestiduras, pero juegan el juego oficial sin chistar.
Hoy es la ley de medios, como ayer fue la despenaliza-ción del "porro" y anteayer, la Resolución 125. Hablamos todos de lo mismo, al mismo tiempo. El resultado es lamentable: nadie escucha a nadie.
Y por eso, estamos como
estamos: con un pasado mudo, un presente ciego, y un futuro sordo.
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La peor opinión es el silencio
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