PUBLICADO: 5/10/09 - 14.00 hs.

Por Claudio Serrentino
Periodista, fundador de "La Bocina"

ESTOY dolido, y estremecido, porque a veces, lo verdadero sale a flote. La esencia, el corazón, los sentimientos, las emociones, se elevan, aparecen.

Y uno se siente triste. Pero libre.

Estoy dolido por la muerte de Mercedes Sosa, la mejor cantante que este país tuvo y tendrá. Por su voz cristalina y a la vez, áspera. Por su hermosa manera de interpretar letras de otros, como si fueran propias. Y las hacía propias, de tanto cantarlas y decirlas.

Ella fue una de las protagonistas del "boom" del folklore, allá por los años '60. Protagonista a su manera, mirando y cantando las miserias de sus hermanos. Y soñando sueños de libertad para todos, sin excepciones.

En los '70, no tuvo más remedio que irse, cuando este país se había convertido en un polvorín. En Europa supieron valorar su arte y fue aplaudida en los mejores escenarios del mundo.

Más allá de las idas y vueltas, su obra perduraba: aunque no la difundieran por las radios, en miles de hogares argentinos se escuchaban aquellos preciados discos de "La Negra", como "Mujeres Argentinas" (y el himno a la mujer que da pelea, "Juana Azurduy").

Con aquellos recitales "ideales" que brindó en el Teatro Ópera, entre el 18 y el 28 de Febrero de 1982, Mercedes Sosa y sus músicos invitados le avisaban al poder militar que había vida después del desastre.

También, rearmaba desde el escenario la nueva música argentina, con León Gieco, Charly García, Piero, Rodolfo Mederos, Raúl Barbosa y Antonio Tarragó Ros. Los jóvenes compartieron cartel y canciones con los clásicos Ariel Ramírez, Domingo Cura y José Luis Castiñeira de Dios.

Música, música y más música, Mercedes cantó, bailó revoleó el poncho y emocionó a multitudes. Aquí, en Tilcara, en Medellín, en New York o en Israel. En todo el mundo, sus canciones se volvían las canciones de la gente. Emociones dichas en voz clara, cristalina, o quizás, oscura, melancólica, según lo que la letra expresara.

Me entristeció su muerte. Me emocionó hasta las lágrimas verlo a Peteco Carabajal cantar junto a su féretro. ¡Qué sentimiento, qué libertad, y qué arte hay que tener adentro para cantar "La flor azul" al lado del cadáver de "La Negra"!

Gracias, Peteco, por tu sentimiento, tu libertad y tu arte.

Gracias, "Negra", por llenar mi corazón de sentimientos, de amor, de ternura, de canciones, de dolor, de alegría, de deseos de libertad, de gritar la injusticia... Gracias, "Negra".

Tu cuerpo se convertirá en cenizas y volará, al fin, libre.

Y era cierto, nomás, lo que vos y Guaraní, alguna vez, cantaron juntos:

"Si se calla el cantor...

calla la vida".

 

 

 

 

 

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A su voz única, a su decir inigualable, hay que sumarle su mejor cualidad: ella supo unir como nadie todos los estilos, todas las tendencias, toda la música. Gracias, Mercedes, por tus canciones.



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