PUBLICADO: 20/04/10 - 13.00 hs.
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Por Claudio Serrentino
Periodista, fundador de "La Bocina"
EL Miércoles 14 de Abril, en el Salón “San Martín” de la Legislatura porteña, 29 vecinos de Floresta, el Defensor Adjunto del Pueblo y un legislador, expusieron sus razones para que los legisladores aprueben en segunda lectura, la ley que determina la “protección cautelar” para el edificio del cine “Gran Rivadavia”, de Rivadavia 8636.
La lista completa de .los oradores (que incluyó a integrantes de la Asociación Civil “Salvar a Floresta”, promotora de la defensa del cine, a la actual propietaria del “Gran Rivadavia”, y a entidades defensoras del séptimo arte) fue la siguiente:
Gabriel De Bella, Ana María Sierra, Gaspar Cruz Espeche, Josefina Allende, Alicia María Bocos, Claudia Carlassara, Fernando Luis López, Juana Verón, Elena Hidalgo, Juan Carlos Fraguglia, Ana Fioravanti, Edit Cristina Suñé (propietaria del cine), Hernán Pablo Moretti, Horacio Rosell, José Hernán Querol, Luis Carlos Vainikoff, Juan José Roque Milesi, Pablo Cota, Silvia Müller, Raúl González Dike, Miguel Ángel Middonno, Silvia Marino y Juan Manuel Lozada.
Andrea López, César Bonfils, Francisco Spasaro, Graciela Caracino y María Marcela Cordero, estaban anotados para hablar, pero no concurrieron a la audiencia pública.
La audiencia pública fue presidida por la legisladora Silvina Pedreira, Presidenta de la Comisión de Planeamiento Urbano. Estuvo acompañada por el vicepresidente de la Comisión,legislador Rubén Screnci Silva, y los legisladores Álvaro González y Patricio Di Stefano.
La causa de los vecinos fue acompañada por el Defensor Adjunto del Pueblo, Gerardo Gómez Coronado, y el legislador Sergio Abrevaya.
El primer orador, De Bella, cerró su exposición emulando a Martin Luther King (“I have a dream...”):: “los vecinos de Floresta tenemos un sueño, y es que ese cine-teatro vuelva a funcionar. No nos importa quién lo haga, si es la Ciudad, la Nación o un privado. Que-remos que hoy su fachada se vuelva a iluminar, que sus puertas de vidrio se abran y que sobre el escenario estén los dueños, los entrantes y los salientes, y que reciban, en una sala llena, el agradecimiento de todo un barrio. Al saliente, se le dará las gracias por haberlo mantenido y protegido, a pesar de haberlo tenido cerrado un largo tiempo; al entrante, por jugarse su capital y su prestigio -ya sea la Nación, la Ciudad o un privado- para recuperarlo y abrirlo”.
El Defensor Adjunto del Pueblo, Gómez Coronado, habló sobre por qué los cines del barrio terminaron como terminaron: porque el público dejó de concurrir a las salas. “Nosotros no podemos intentar salvar a los cines de barrio y, a la vez, llevar a nuestras familias a los cines de los shoppings. O querer que se salven los cines de barrio -esto implica gastar 15 ó 20 pesos en una entrada- y a lo mejor, porque nos sale más barato, gastar 10 u 8 pesos en un DVD "trucho" que se vende en la calle. Indudablemente, implica una conducta de nuestra parte y también de parte del Estado, del Gobierno de la Ciudad, de los CGPs o de las futuras comunas, que tiene que ver un estado agradable y seguro del espacio público para que a los vecinos les sea más agradable ir al cine Gran Rivadavia que a los cines Hoyts del Abasto, del Dot, etcétera”, dijo Gómez Coronado, y mereció el aplauso de los presentes.
La integrante de “Salvar a Floresta”, Claudia Carlassara, hizo mención a declaraciones de la propietaria del cine: “No sé si está presente la propietaria del cine Gran Rivadavia. Apelo a ella, que ha expresado en un artículo del diario La Nación la tristeza que le provocaba vender el Gran Rivadavia. En este diario dice: ‘Ese cine, como otros que teníamos, fue propiedad de mi familia. Comenzamos a vender los cines porque no los podíamos mantener. Hoy se convirtieron en templos evangélicos, supermercados y bancos’”.
Efectivamente, la propietaria del cine estaba entre los disertantes de la audiencia pública. Edit Cristina Suñé pidió a los legisladores que “dejen sin efecto la catalogación del cine Gran Rivadavia con nivel de protección cautelar”. Según la propietaria, “la catalogación del cine Gran Rivadavia con nivel de protección cautelar, sin la adecuada reparación de mi patrimonio, no sólo es inconstitucional, sino que constituye una estafa material y moral”. La señora Suñé fue apoyada por otros disertantes que participaron de la audiencia pública brevemente, sólo para decir que estaban de acuerdo con su posición.
El vecino Juan Carlos Fraguglia recordó su infancia: “de chico, desde Liniers hasta Flores, sobre la Avenida Rivadavia había alrededor de diez cines. Hoy prácticamente no queda ninguno y el que queda, estamos viendo si se puede reabrir”.
Ana Fioravanti relacionó la obra de Alejandro Dolina, “El ángel gris” donde el autor hace referencia a “los hombres sensibles de Flores”-, para rematar diciendo que “los hombres sensibles, tanto de Flores como de Floresta, nos estamos quedando sin lo que nos hace sensibles, que es justamente la cultura y el arte”.
El disertante Hernán Querol les preguntó a los legisladores: “:¿quién va a pagar la inversión necesaria para la reapertura del Cine Gran Rivadavia?”.
Luis Carlos Vainikoff, de la Asociación de Exhibidores Independientes de Capital Federal, también preguntó: “¿Durante estos últimos veinte años quién se acordó de los propietarios de las salas?”.
El legislador Sergio Abrevaya, quien impulsó la “protección cautelar” para el “Gran Rivadavia”, destacó la intensidad del debate demostrado en la audiencia pública: “Normalmente, las audiencias públicas son una yuxtaposición de monólogos y extrañamente, en el día de hoy han logrado, a pesar de que mecánicamente no lo parece, una suerte de debate que me ha resultado muy interesante. Por lo menos nosotros no recordamos un caso de este estilo”.
El futuro del “Gran Rivadavia” se definirá cuando se vote la ley que determina la “protección cautelar” del cine en segunda lectura, en el recinto legislativo.
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