PUBLICADO: 20 / 09 / 11 -14.00 hs.
LA BOCINA, FUNDADA EN 1984 POR CLAUDIO SERRENTINO. Piensa, escribe, diseña, fotografía, escanea, reparte, vende, cobra, cadetea, barre, suda la gota gorda... ¡ah! y además es DIRECTOR PROPIETARIO: Claudio Serrentino. DOMICILIO: Membrillar 283 CABA. Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos sin previa autorización de La Bocina. REGISTRO DE LA PROPIEDAD INTELECTUAL Nº: 713.470. TODOS LOS DERECHOS RESERVADOS. © La Bocina 2008-2009
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Claudio Serrentino
Periodista, fundador de "La Bocina"
DURANTE los primeros tiempos -los de la convicción absoluta y la incertidumbre total- uno de mis amigos decía:
“Hay que decirlo todo, todo de una vez. Que quede bien claro. Y después, chau. No decir más nada”.
Era seductora la teoría del “dueño de la verdad” que profetiza lo suyo y después se llama a silencio para siempre.
Pero con el transcurrir del tiempo, y mientras iba ejerciendo esta maravillosa profesión (que nació como vocación, y tuvo la posibilidad de desarrollarse) descubrí que no hay una verdad, sino miles. Millones. Es más: creo que hay tantas verdades, como seres humanos.
Y aquí estoy. Desde hace 25 años, sigo buscando mi “verdad”. Estas páginas siempre reflejaron, honestamente y con engrega total (cuando digo total, es porque le puse el cuerpo y el alma) mi visión sobre lo que acontece en el barrio, la ciudad, el país y el mundo.
Aprendí a contar lo que cuentan todos, y también, lo que algunos esquivan. Lo hice con mi estilo, que desde los inicios marcó una diferencia con los estereotipos que suelen tener este tipo de publicaciones.
Supe agregarle al género -el periodismo vecinal- mi cuota de desfachatez, irreverencia, sarcasmo, humor. "Eso" que tiene este medio como identidad, y que a algunos les agrada, y a otros, no. Cierto es que nunca quise agradar a todos, así que el rechazo no me asustó.
Para poder hacer esta “revistita” que usted tiene en su casa gracias al señor del comercio que se la obsequió, debí aprender varios oficios al mismo tiempo, para los cuales no tenía la más mínima preparación: empezando por el de canillita, y siguiendo con el de vendedor de publicidad, cobrador, fotógrafo, diagramador, diseñador gráfico (ahora también diseñador web).
Algunos oficios los hago mejor que otros. Pero siempre me sacan una sonrisa cuando me sugieren: “debe ser fácil hacer esa revistita”, o la frase más contundente de los que intentan contarme las costillas: "vos sí que la juntás con pala...".
Para el que sabe, seguramente que será fácil. Pero... ¡yo sólo quería escribir mi “verdad”! ¡Y miren todo lo que tengo que hacer para poder expresarla!
Sin querer -o queriendo- La Bocina se fue convirtiendo en un modo de vida, gracias a esa maravillosa hoja en blanco que todos los meses me pregunta:
- Y ahora, ¿sobre qué vas a escribir?
Gracias a esa pregunta que a veces se vuelve obsesión, con La Bocina me dí varios gustos, y supe compartirlo con los lectores. Las noticias del barrio, y más allá, también: la memoria, desordenada, dicta y confunde años y fechas. La cobertura del recital de Amnesty en River (con Peter Gabriel, Sting, Charly y León), el reportaje a Miguel Angel Solá en su camarín, las llamadas de Fernando Peña y Carlitos Balá al programa radial de La Bocina, el viaje a Quilmes para reportear al Padre Farinello (una de las notas que más me llegó al corazón), la visita al Comedor de “Los Carasucia” en Mataderos... ¡Uf, tantas cosas!
Y si esta profesión tuvo sinsabores, en este hermoso momento, el de las Bodas de Plata, prefiero recordar los ratos buenos, los lectores que me agradecieron tal o cual nota, los bombones que nos enviaba nuestra lectora Nº 1 de los primeros tiempos, Luisa Herman, otros que nos invitaron a un asado, o a cenar, o simplemente a tomar un café para charlar y distenderse un rato... Hermosos gestos de cariño que siempre llevo conmigo, como un tesoro.
En 25 años de labor ofrecí gratuitamente, para el que quisiera leerlo, muchas palabras, frases, titulares y páginas.
Pero hay resto para más. Mis ganas y mis neuronas dicen que no pesa el esfuerzo realizado. Que todavía, hay mucho por hacer.
En poco tiempo más, este sitio estrenará un nuevo diseño, adaptado a los tiempos de la internet 2.0 (así la llaman los que saben).
Quiero hacer un evento en el que se resuma el trayecto recorrido. Me gustaría que estén presentes todos aquellos que ayudaron a que esto sea posible: amigos, anunciantes, colegas, y por supuesto, los más importantes de esta historia, los lectores. Cuesta mucho (tiempo) la organización, pero voy a hacerlo. Este año, o el que viene.
Tengo ganas de editar un libro con las mejores notas -según mi criterio- que se publicaron en La Bocina. ¿Quién lo va a comprar? No sé, ni me importa. Me gustaría que quede ese testimonio en las bibliotecas del barrio, al menos.
También quiero concretar un viejo proyecto, que tiene como 23 años: la radio de La Bocina. La tecnología permite hoy, emitir a través de internet. Estoy investigando y asesorándome, con el fin de transmitir “en vivo” desde Floresta y para todo el mundo.
¿Otro producto más del multimedio? No... Otro canal para expresarme. Otro lugar en el que resuenen todas las actividades que genera esta prolífica comunidad barrial. Además, que quede claro: no existe el multimedio unipersonal...
La Bocina incluye en esta edición aniversario publicidades gratuitas de entidades de bien público (Unicef, Red Solidaria, Greenpeace, Missing Children). Porque quiero celebrar de la forma más solidaria posible. Y porque considero que no los estoy ayudando, sino que nos estamos ayudando. No hay ellos y yo, sino nosotros.
25 años ya... Diría mi amigo que está todo dicho. Lo cual me lleva a preguntarme (de eso se trata el periodismo, de preguntar y preguntarse): ¿está todo dicho?
Mientras sigo buscando la respuesta (espero que por muchos años más), les digo a todos: MUCHAS GRACIAS.
De estos 25 años, yo hice la mitad. Ustedes, pusieron el resto. O sea, supimos funcionar como equipo.
No es poco.
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